Y se perdió
Entre las agujas del olivo
Y reapareció,
De pronto,
Para encontrarse a sí mismo.
¡Oh, gato, gato minino!
De oscuro pelaje,
A veces, blanquecino,
Que allá fuiste a fundirte
En lo desconocido.
Y se perdió
Entre las agujas del olivo
Y reapareció,
De pronto,
Para encontrarse a sí mismo.
¡Oh, gato, gato minino!
De oscuro pelaje,
A veces, blanquecino,
Que allá fuiste a fundirte
En lo desconocido.
Ésto no es más que un fragmento abreviado. La Reseña completa la encontrarás a través de este enlace:
«Desde la hora de mi infancia no he sido
Como otros fueron — no he visto
Como otros vieron — no pude traer
Mis pasiones de una fuente común —
Del mismo origen no he tomado
Mi tristeza — no pude despertar
Mi corazón al gozo de la misma nota —
Y todo lo que amé — lo amé en soledad —»
Todo lo que creí conocer de un autor de la talla de Edgar Allan Poe lo extraía de sus cuentos —más populares— en torno al suspense y esas sombras que nadie o muy pocos se atreven a ver... Sin embargo, esta Antología ha sido para mí todo un descubrimiento, dado que su faceta de poeta permanecía en oculto hasta entonces. ¿Equivalente a una expresión máxima de discreción?
[...]
Un gusto haber llegado hasta el final de este itinerario, tortuoso a juicio del poeta, pero liberador, en cuanto a iniciar la construcción de nuestro El dorado particular.
La Antología Poética de Edgar Allan Poe es sinónimo de obra imprescindible. ¿Lo será para ti, lector? ¿Dejarás que tu instinto más primitivo lo decida?
Así, la vida pasa,
En silencio,
Cual ente sin ruido
¿O es tan sólo el crujir
De pisadas en manto albino?
Huidizo...
Así, como un soneto,
Nos ata a versos medidos,
Estrictos, cual piedra a su nicho.
Acuarela de ocres
Que a marrones relega
Al inhóspito anhelo,
Islote desierto cuyo verde
Es pasto de llamas,
De un deseo inconcluso.
Escarcha...
Se presenta, entonces,
Cual paleta de colores
Que nos sume en eterno acertijo:
¿A qué hora acaba este recreo?
Así, la vida pasa.
Pasa la vida,
como un soneto.
Zaína suerte:
Después de tantos siglos
Y, aún, haciéndote la fuerte
¿Para cuándo oirás el grito
De esos que quieren tenerte
a su lado y ser tus fieles testigos?
Quieren verte,
Desprovista de filtros
Antes que de visita venga la muerte
Y encuentren hospedaje en su castillo.
Zaína suerte,
¡No te ocultes tras tu abanico!
¡Ven deprisa, socorre a los amigos!
Que entre duelos y quebrantos
No quieras, de ellos, esconderte!
Zaína Suerte,
Otra pieza de este delirio.
Otra pieza que pasar por alto
En dirección al Fuerte.
¡Sol! Tú que brillas en apariencia,
En lo alto del cielo,
Eres el dueño de un celemín
Que afina desafinando
Y nos inunda con un ruido
Que nos mantiene ciegos
Sin necesidad de mirarte directo.
Eso somos: legión que transita errabunda
Por un malecón que distorsiona...
¡Justo eso, la apariencia!
De tal modo andamos perdidos,
Como almas en inercia tras su propio brillo,
Brillo que dé algún sentido a su existencia.
Y por más vueltas que den a esta rueda,
Nunca acaban de darse cuenta
De que siempre, todo el tiempo,
Lo llevaban dentro, no fuera.
Sol... ¿Eres real o tan sólo un destello
Que parece guiar, pero al fin,
Nuestra alma se desorienta en su propio exilio?
¡Auxilio va pidiendo y mendiga su boca!
Aunque a través de su enmudecida sombra;
Aunque sólo sean las aves de ese mismo cielo
Las que acerquen la plegaria a esas nubes mensajeras,
En desafío pleno de las leyes gravitatorias
Que impiden nuestro desapego del suelo.
Por ello, sueñan, sueñan despiertas
Que son un cuerpo: ídolo, cárcel y fuente
De una vida Impostada,
De una vida que se finge perentoria.
*Este poema es el fruto de haber escuchado el audiolibro De regreso a mí, de mi querida María Inés Calcagno y, como hice, podéis disfrutarlo en este enlace:
https://youtu.be/CVwI8g6iSSI?si=7vPM84SpQh44ixOx
Intermitente.
Hoy, mañana y siempre.
¿La fugacidad del tiempo?
Un momento y es pasado.
Mas, lo tienes presente,
Tanto que al propio lo ves lejano.
Pareces vivirlo
En tu mente ausente,
Porque juega con el blanco
De las próximas nieves.
¿Y ahora, qué?
¿Cuándo estar consciente?
Hay ojos y ojos:
Unos miran sin ver;
Los otros, directamente, no se ven.
Siempre, mañana, hoy...
Intermitente.
Como avezados crupieres, decir que los autores partícipes en este curioso juego de cartas, han ido dejando la suya descubierta sobre este aterciopelado y agradecido tapete literario.
Dichos "jugadores", si no todos, una parte, han desempolvado ese rostro de póker tan necesario para no dar señales anticipadas de que se guardan un as bajo la manga que hará de su jugada una maestra.
Hay otros, más temerarios que se la juegan al todo o nada con la mismísima parca, la cual con inusual frecuencia queda en blanco y totalmente desarmada. ¿Es eso posible? Me preguntarás. Apacigua tu asombro atreviéndote con un buen gámbito de páginas, damas que la pondrán comiendo de sus palmas.
Qué decir de esas otras cartas con las que estos artistas de la palabra juegan a ganar con un full de corazones, donde ni es capaz de resistirse el alma al recordar que un día también alguien conquistó precisamente eso: su corazón, mientras que hay quienes ni cuentan con intermediarios para pintar de vivo color una escalera que conduzca a esa emoción renegada, a fin de quedar frente a ella: cara a cara, y así superarla. ¿Melancolía? ¿Nostalgia la llaman?
Otras tantas son lanzadas para quebrar el silencio, para hablar por lo que se calla, a la espera de que se disipe toda oscuridad hasta entonces imperante si se arriman a la vera de buena lumbre que reconforte entre tiernas memorias. Y los hay que si de recordar se trata, más que eso, homenajean a los útiles con que labran sus campos de letras.
Y, aunque tímidas, las hay que son juramentos de fidelidad no impostada, cartas donde la más absoluta honestidad manda, en un pacto de tinta que incluso a la propia sangre despierta envidia sana.
Sea como fuere, si lo que buscas es conmoverte, emocionarte, sorprenderte, empoderarte, reirte u olvidarte por un instante de la monotonía rutinaria, aquí encuentras las cartas que necesitas para adjudicarte la partida.
Una Antología con rúbrica @TÚMiPoema y Ediciones Passer, que me ha hecho conectar con esas partes de mí que mantenía bajo una luz, por mucho, apagada. Te animo, lector, a estrechar también esos vínculos a los que por alguna razón relegaste a un segundo plano, les hiciste caso omiso.
¡Mis más sinceras felicitaciones!
Y a ti, lector, ¿no sientes el gusanillo ganador?
Sácialo aquí: ✒️
https://www.azonlinks.com/8412748018
Que me ilumine su brillo
Mientras sea el anhelo mi suelo
En un tiempo donde el mensaje
—Profundo—
Se diluye en historias sin argumento.
Donde el placer efímero
Se ha vuelto moda de los necios,
Donde el corazón improductivo,
Pronto es tenido por cacharro viejo.
Sin cero el consuelo, a la izquierda
Hace sus números,
Por marcar siquiera una nimia diferencia
Que amortigüe su anunciada y forzada
Caída.
A la que le sigue el ritmo la del pelo,
Pues la presión se agranda
Cuando se le antoja a cualquiera
Sacar los pies del tiesto,
Dejando por migas, como las del Cuento
—Y temblando—
Sus dedos.
¿Y qué tocarán, qué tocarán éstos,
Sino ese mismo suelo sembrado de anhelos,
Anhelos donde
El Mensaje,
Lo Profundo
—De una vez—
Recupere sus sublimes fueros?
Sé tú
El ujier que mantenga
Esa puerta abierta
A un refugio, siempre
Que haya ausencia de luz.
Sé tú
El amparo de esos hombros
Caídos, no al olvido, sí al conflicto
De nadie más, salvo consigo mismos
En una noche de negra luna que tiende a azul.
Sé tú
Quien descorra y corra el visillo
Para dar paso a la aurora,
Inspiración que en ti germina
Y hace de tu alma ese jardín que tanto buscas
Con certero acierto o al tuntún.
Sé tú.
Sólo tú,
Pues la imprenta fue el mayor invento
—Y el mejor copista—
De la historia: la de todos.
Pero, la tuya, la inventas tú.
Ya era de noche.
Ahora vuelve a serlo
Y me doy cuenta
¡De que era un molino de viento!
Cáscara de nuez
Lanzada mar adentro
En mitad del revuelo
De oscuras voces
De, tal vez, su corte.
Pléyade gritando fuerte
Que no olvide de dónde...
De dónde viene.
Pues ¿cómo volver
De donde nunca saliste?
Ya era de noche.
Ahora vuelve a serlo
Para volver, sí,
A arder por dentro...
Me pregunto
Muchas veces
Dónde estará
Esa ciudad
Detenida
En el recuerdo.
Impasible,
Invulnerable,
Al temible devenir del tiempo...
Ciudad a la deriva
O... tal vez, no,
Siendo ilusión,
Mero reflejo
Asomado al Douro.
Ciudad de viajeros,
Viajeros de anhelos,
Donde reposan
Su sueño bohemio
En su efluvio:
Efluvio del Duero.
[…]
¿Embriaguez del Oporto?
Embriaguez... del Oporto.
¿Nos embarcamos en esta travesía... a la gallega?
Porque todo un mar de sabores, nos aguarda.
¡Sólo en Recetas con Retórica!
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A nadie en particular,
Pero a todo el mundo en concreto,
Va ese silente grito:
Uno, por cada bala
Abriéndose paso en el cuerpo de un niño.
Otro, por cada boca
Que deja los buenos días
Para embriagarse de noches eternas,
Frías y segadas con guadaña
En tiempo de cosecha, ya de por sí, malograda.
Y otro más, que no encuentra fecha
Para dejar las flechas de la discordia,
Absurdas ferias del horror televisado,
Sin pudor ni reparo.
Humor malsano
Y disfraz perfecto de entretenimiento macabro.
Y yo pregunto a ese Genio angelado
Que huyó, sin más, por espanto
¡¿Hasta cuándo tanto...
Tanto nihilismo que nos tiene maniatados?!
A todo el mundo en concreto
Y a nadie en particular,
Pedir un ridículo favor:
Mirar desde tus adentros al monstruo;
No mires para otro lado.
¡Acertaste!
¡Recetas con Retórica!
Una carta con la que tendrás más que buen provecho.
Te sacará los colores o te dejará en blanco y negro.
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Pobre de ti, Estatua de Sal
Que, sin querer, ves la vida pasar.
Ves pasar hasta a una perdiz,
Nerviosa por que a sus polluelos
Les crece, en lugar de pico, una nariz.
Y de tan quieta que estás,
Cuida que no te salgan orzuelos,
No sea que, por ojos, luzcas su cicatriz
De tanto mirar al infinito,
Donde crees que perdiste tu libertad
Casi como monje capuchino.