Seremos la sombra de quienes fuimos.
Microrrelatos, poemas y mucho más.
Esa es la fatalidad:
No me des cuenta del Mundo.
De Él, ya está todo visto
Y lo hace por ello, irrelevante.
No es que sea o me haya vuelto
Distante.
Tan sólo aguardo a huestes con titulares
Que aseguren haber, la prueba, trascendido
Para celebrar desde el Olimpo
Con un "¡Dichosos los ojos que te ven
Y ven que no te has rendido!"
Si bien ahora respiras con alivio
Después de eras y siglos
De pugna absurda incesante...
¡Lacerante!
No me des cuenta del Mundo.
No... mientras no pelee por conseguir
La Rendición de Neptuno.
Imagina...
El rocío perlando los sueños
De una noche que emula al día,
Cuyas espigas estira al disco dorado
Cual rayo de luz albina.
Y trinan tanto que a las aves usurpan
En su particular caza de brujas.
Una umbría en las tinieblas
Que manca enmarca a la sombra vieja.
Y viaja
A solas
Sin demora
Tras el placebo
De la Gorgona:
Fingiéndose
auxiliadora,
Escapa
Inmarcesible
Y de su propia
Nepente...
Huye.
Cual neblí que hiende el cielo
En incesante aleteo,
Cual santo que emerge glorioso
Del inocuo silencio,
Así caminamos juntos todos
Hacia el abismo inocente
De un pozo sin fondo ni freno
Que ni ve ni padece ni siente
Una humanidad que intuye de lejos.
Quiera quien sea,
Dios, tú o yo,
Oír al ciego,
Ver al mudo
O hablar al cojo
Y dejar ir al vanidoso,
Que ni acoge
Ni habla
Ni ve
Ni oye.
A veces puede dar la sensación
De no acabar con el triste hambre
Ingiriendo en cantidad insultante
Con extremada y tan ruin profusión,
Ciega ya de tan falsa inanición.
Insulto, en toda regla, cobarde;
Óptimo emblema de avieso dolor
Negado aun mil veces siglos antes.
En la era de los Mundiales
Tutelados o privados,
Rebasar cualquier límite,
De antemano, fijado,
Es elevarlo al peor delito
Por los Códigos actuales
Tipificado.
Y para mayor desfalco,
En calabozos a un Baobab
Hallarás,
Pues es el único animal
que camina con las manos...
Y los pies,
Su cabeza van coronando.
«No es opinión, sino doxa»,
Dirían los célebres Griegos
A los antiguos Romanos,
Entre equis y tantos palos.
¡Dar la bienvenida
Al sentido común...
Quebrado!
Playas infinitas
De arena de harina
Sobre las cuales camina
Un verso sin rima.
Como agua ardiente
Bajo un Sol de Saturno
Y concavidad refractante,
Convexos se vuelven sus recursos.
Y rueda eterno
En su franela azul
Aquel verso inconexo,
Perdido ya en su calambur,
Anhelante de un beso
Que a su otra mejilla
Ponga el sello,
Siempre en busca
De alguien como tú:
De herencia ajena
Y de todos, común.