Se venden servilletas en la ferretería equivocada.
Microrrelatos, poemas y mucho más.
¿Pisar un charco es dejar huella de tu mirada?
¿Es tu mirada tentativa de precipitarse al vacío?
¿Al vacío le queda espacio para el correr de los anhelos?
¿Corren los anhelos por delante o a la zaga del viento?
¿Del viento brota la indómita simiente del tiempo?
Tiempo ha, soledad, que en pos vas de tu única verdad,
De tu único fuego en contristada caracola carcomida:
Que hasta tú eres un tránsito eterno,
Charco que habita en todo... y nada habita.
¿En estampida?
En los últimos estertores del verano
Es su voz envuelta en gris
Quien al silencio cede el paso...
Preámbulo perfecto
De su agotamiento anunciado.
Un estío que camina ya cansado
De sí mismo entre sus propios sudores,
Que ve envejecer impotente
Del Lorenzo sus valientes rayos.
Y va naciendo un ocaso más temprano.
Y va ganándole el pulso a su ritmo,
Casi taimado
Cual ladrón ladino de latitudes...
Empachado.
El verano en sus últimos estertores
Apela a un póstumo llamado:
Su hermano pequeño,
Por todos conocido como Miguel
Y que próximo es su Santo.
Como de la humanidad es su último hálito.
Cimbrea el deseo en el suelo.
¿Qué vendrá después?
¿Qué acontece luego?
No tengo idea, ni quiero saberlo.
Despojada de toda fuerza,
Que venga lo que quiera...
Como si no acabara viniendo...
¡Aunque no acabe viniendo nada!
¿Y si lo que estoy diciéndote,
Y si lo que escapa de estos versos
Es en sí el propio poema?
¿Por qué...
Tú también naciste
sabiéndolo.