Seremos la sombra de quienes fuimos.
Me viste nacer...
Pero, ahora, me matas.
¡Que corra el aire!
Y el aire corre...
Cual gamusino en mi mente
Y, ésta, ausente...
Del cráneo que la apresa,
De un mundo que es su fuente.
Pero está ausente
Sobre el alegre prado
De tan verdes trinos.
«¡Recen! ¡Recen ustedes,
Que la suerte con suerte,
Igual, les favorece!»
Desafina la voz
De un espigado rabino...
¿Quién más, si no,
Salvo su donaire,
Que en su libre albedrío,
Sin más, florece?
¡Primavera! Mira pues,
Que no acabas de ver
Que no soy yo... tu enemigo.
Una lágrima cae
Describiendo un circulo rojo.
Luego... Lo que salga de ahí
O si entra en otro más vicioso.
Y me gusta y le gusta
Cómo está cobrando forma esto:
Un antojo o bien un sueño de marfil
O lo que queda por vivir.
Suma de pares que impares
Restan de ti y de mí.
Un vuelo sin motor
Con todo por descubrir
Y atiborran preguntas
Cuyas respuestas vienen de gris.
¿Dónde hallar la paleta
Que haga a todas coincidir?
¿Un cruce de caminos,
Un punto exacto
En la ambigüedad del vivir?
Una pausa donde esa lágrima
Despliegue, gota a gota, todo su sentir.
Una lágrima que ahora sube
Para nuestro corazón... tañir.
Tú,
De abovedadas ideas...
¿Lo que queda?
La sensación de haber vivido
—si pudiera—
La almibarada frontera
Entre el cándido tul
Y el azul mojado de sueños
Trazados con tierra.
Y aún hay más
Pero... ¡No quiero forzar!
¡No quiero pensar!
Trenzar un cosmos nuevo
A la sombra que ahora es luz,
Irradia espejismos
De no tan lejano desierto...
¡Ideas! ¡Ideas, si pudiera
Volar alto en la esfera
De un orbe que gira,
Sin rumbo, en su atmósfera!
Con tanto giro confundido,
A veces creo sin creer del todo
Que mar y tierra, aire y fuego
Son distintas pieles del mismo cuerpo.
Tú,
De abovedadas ideas...
Decides si creer o no creerlo.
Y escribe breve
Tu propio Pentateuco.
Desciende raudo el río embravecido,
Y, brusco, el meandro lame, receptivo,
Sin más ruido que un susurro prometido.
Sin permiso, el pececillo vuela,
Siguiendo la estela que deja su estela,
Siguiendo la huella que marca su espuela.
Sueño subrogado, pura secuela,
Tortura plácida que no amaina ni vela.
Pasa el río y anega todo vestigio;
De sus ciclos hace escuela.
El pececillo vuela buscando sentido,
Y el meandro al río espera, aunque duela.
Eclosión
En mitad del silencio roto
Que corre, camina, calcina
Los recuerdos de otras vidas
Que creía suyas y eran de otros.
Eclosión
De una burbuja que el tiempo cristaliza
Y transforma en lamento devoto,
Tormenta que trae la calma consciente,
Que mengua el castañeo de dientes.
Eclosión
De un nuevo yo libre de escombros
Que antaño fueron tumba,
Comodidad que esclaviza
Y rigidiza la moral más genuina.
Eclosión:
Un parto en que anochece lo caduco,
Las claras se revuelven y las yemas florecen
Cual nuevo ser que a plantar viene su simiente
Y sea la luna quien las primicias coseche...
¡Agujetas sufre la tierra!
Pues no hay eclosión sin grietas.
Liese la manta a la cabeza
Que el pedrisco, cual tigre, acecha
—Taimado, sibilino—,
En pos de la liebre libre
Que incauta bebe en natural aljibe.
Aguas mansas la acompañan
Al tañido de una campana lejana,
Cual tamborrada de golpes secos;
Prefacio de sentencia en firme.
Una premonición: el azufre llena el aire...
Y el vacío que ahora deja, ocupa
El alma libre de la liebre ilusa.
El viento vuela y viene
cargado de otoño
Y con ramas desnudas peina
Las hojas de su cabello revuelto.
Y con la lluvia lleva
frescos nutrientes
A sus campos fértiles
De raíces sembrados
Con futuros castaños
Que con ser madroños...
Sueñan.
¿Hito imposible el de esos románticos?
Lo que no saben o prefieren ignorarlo
Es que su prematuro y recurrente
Desabrigo será el amparo
De sus valientes inquilinos.
¿Por qué arrugar y poner rostros largos,
Castaños, si los ciclos vitales
Dependen todos de esos seres diminutos?