Me viste nacer...
Pero, ahora, me matas.
¡Que corra el aire!
Y el aire corre...
Cual gamusino en mi mente
Y, ésta, ausente...
Del cráneo que la apresa,
De un mundo que es su fuente.
Pero está ausente
Sobre el alegre prado
De tan verdes trinos.
«¡Recen! ¡Recen ustedes,
Que la suerte con suerte,
Igual, les favorece!»
Desafina la voz
De un espigado rabino...
¿Quién más, si no,
Salvo su donaire,
Que en su libre albedrío,
Sin más, florece?
¡Primavera! Mira pues,
Que no acabas de ver
Que no soy yo... tu enemigo.

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