La patita de un pájaro le viene grande.
Me viste nacer...
Pero, ahora, me matas.
¡Que corra el aire!
Y el aire corre...
Cual gamusino en mi mente
Y, ésta, ausente...
Del cráneo que la apresa,
De un mundo que es su fuente.
Pero está ausente
Sobre el alegre prado
De tan verdes trinos.
«¡Recen! ¡Recen ustedes,
Que la suerte con suerte,
Igual, les favorece!»
Desafina la voz
De un espigado rabino...
¿Quién más, si no,
Salvo su donaire,
Que en su libre albedrío,
Sin más, florece?
¡Primavera! Mira pues,
Que no acabas de ver
Que no soy yo... tu enemigo.
El viento vuela y viene
cargado de otoño
Y con ramas desnudas peina
Las hojas de su cabello revuelto.
Y con la lluvia lleva
frescos nutrientes
A sus campos fértiles
De raíces sembrados
Con futuros castaños
Que con ser madroños...
Sueñan.
¿Hito imposible el de esos románticos?
Lo que no saben o prefieren ignorarlo
Es que su prematuro y recurrente
Desabrigo será el amparo
De sus valientes inquilinos.
¿Por qué arrugar y poner rostros largos,
Castaños, si los ciclos vitales
Dependen todos de esos seres diminutos?