Anoche cuando dormía
Una tal Soledad vino a verme
Rasgando el vidrio de ilusiones
Hasta quedar nadando
En sus propios añicos.
¿Y qué me dices tú, Federico,
Cuando fue tu sangre
Usurpadora del agua,
Regando, del destino, los lirios?
Anoche la luna aletargada
Cantaba una triste tonadilla
que sus seis cuerdas tañían,
Réquiem de alma desahuciada.
La luna lloraba esa sangre
En los campos de Granada,
Recogida en miles de estrellas,
Que su alfombra tendían
Al paso de tus huellas fugitivas...
En pos de mejor y gloriosa vida.
Una tal Soledad prosigue su visita:
De verso en verso;
De rima en rima;
De lado a lado,
Mientras deja tu historia escrita;
Huérfana de tu simpar alegría.

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