Nunca pensé
Que ante el ruido del mundo,
Cuatro paredes
Me salvarían del mismo.
Con más acierto,
Menos prejuicio,
Surcando los mares
De mi propio delirio.
A la puerta,
A hurtadillas, viene a tocar el ruido
Que impera en las calles
Cual si fuera un circo.
Mil números de malabares
Pugnan y pagan
Por ser vistos,
Aclamados,
Aupados en su ejercicio.
Nunca pensé
Que a pesar de todo,
Uno acaba convertido en mimo.
¿Y los payasos,
Que ahora pierden el equilibrio
En la cuerda floja
Que les tiende el destino?
Nunca pensé
Que cuatro paredes
Pudieran salvar
—A uno— del martirio...
Del riesgo de actuar
Cual elefantes incomprendidos.
