Sé el marsupio de mi alma,
Allá, en las altas esferas.
Allá en lo alto,
Donde nace la luna nueva.
Roba mis ojos,
Luceros de larga espera;
Por ti, invisible pena atraviesan
Entre mares de llantos
Y océanos de ardiente arena
En que los recuerdos
De blanco y negro se disfrazan,
Mientras entre grises,
A esconderse, juegan.
Y no juegues tú, no juegues
Con mi escabrosa memoria,
Que tiempos más verdes
Sus tilos cosechan.
Sin reproches.
Sin vergüenza,
Pues honor y orgullo preceden
A las vacas flacas y malas hierbas.
Sé el marsupio de mi alma.
Allá en lo alto...
¡En los confines de la Tierra!
