Desafiando a la urgencia... te busco,
Hallando la plata que quiebre el silencio.
Oro de los dioses que ni un candil alberga,
Porque no puede.
Tan sólo acecha.
A la zaga de versos... Que vuelan
Y no vuelven si no los atrapas
Fingiendo detener el tiempo
Para que por su peso... caigan.
¡Abrázame en tu marisma andromedana!
Pues, quizá allí te encuentre, allí te halle
En eterna espera malsana.
¡Oh, Calma! ¡Allí estás!
A cobijo de la sombra de un ciprés
Que en tu presencia se acorta
Y se vuelve mundana.
¡Oh, Calma! ¿Adónde vas?
¿Adónde vas con tanta prisa
Entre aspavientos, sin mirar atrás?
Sal de tu caverna
O
Conmigo, ahí, quédate
Y
Dibujemos nuestro propio mundo
De pinturas rupestres
Donde seas tú... La Reina.
