Esa es la fatalidad:
No me des cuenta del Mundo.
De Él, ya está todo visto
Y lo hace por ello, irrelevante.
No es que sea o me haya vuelto
Distante.
Tan sólo aguardo a huestes con titulares
Que aseguren haber, la prueba, trascendido
Para celebrar desde el Olimpo
Con un "¡Dichosos los ojos que te ven
Y ven que no te has rendido!"
Si bien ahora respiras con alivio
Después de eras y siglos
De pugna absurda incesante...
¡Lacerante!
No me des cuenta del Mundo.
No... mientras no pelee por conseguir
La Rendición de Neptuno.

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