¡Sol! Tú que brillas en apariencia,
En lo alto del cielo,
Eres el dueño de un celemín
Que afina desafinando
Y nos inunda con un ruido
Que nos mantiene ciegos
Sin necesidad de mirarte directo.
Eso somos: legión que transita errabunda
Por un malecón que distorsiona...
¡Justo eso, la apariencia!
De tal modo andamos perdidos,
Como almas en inercia tras su propio brillo,
Brillo que dé algún sentido a su existencia.
Y por más vueltas que den a esta rueda,
Nunca acaban de darse cuenta
De que siempre, todo el tiempo,
Lo llevaban dentro, no fuera.
Sol... ¿Eres real o tan sólo un destello
Que parece guiar, pero al fin,
Nuestra alma se desorienta en su propio exilio?
¡Auxilio va pidiendo y mendiga su boca!
Aunque a través de su enmudecida sombra;
Aunque sólo sean las aves de ese mismo cielo
Las que acerquen la plegaria a esas nubes mensajeras,
En desafío pleno de las leyes gravitatorias
Que impiden nuestro desapego del suelo.
Por ello, sueñan, sueñan despiertas
Que son un cuerpo: ídolo, cárcel y fuente
De una vida Impostada,
De una vida que se finge perentoria.
*Este poema es el fruto de haber escuchado el audiolibro De regreso a mí, de mi querida María Inés Calcagno y, como hice, podéis disfrutarlo en este enlace:
https://youtu.be/CVwI8g6iSSI?si=7vPM84SpQh44ixOx

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